YA NO TENGO
Sin sombra que me siga, silencioso,
las manos a la espalda y paso quedo,
combatiendo nostalgias con denuedo,
a mi tierra me vuelvo sin reposo.
Ya no tengo vasija para el poso
que los años de lidia en este ruedo
han dejado en mi frente, y ya no puedo
resistir sosegado a tanto acoso.
Ya no tengo el asiento de mis sueños.
Es el aire y la luz mi casa viva:
La araucaria y palmera son sus dueños
y del río y sus chopos es cautiva.
Ya no tengo otra cosa que diseños
de sonrisas que al fin, llovéis de arriba.
FELIZ VIAJE
El cerco de tu herida ya se extiende
por todos mis rincones, y sin calma
me asomo de puntillas con tu palma
ungida de martirio que se enciende.
Encarga el equipaje a quien entiende
de aquello que interesa sólo al alma,
de aquello en que la sed mayor se calma
y todo cuerpo herido condesciende.
Lo incierto de lo cierto publicado,
no temas al comienzo de tu viaje:
lo duro del camino es ya pasado,
y no hay dificultad a tu coraje.
Compañero en tu viaje regalado,
veremos qué se esconde en el celaje.
MEMENTO, DOMINE
Recuerda, Dios, que me creaste vivo.
Chispa de eternidad en la mochila
y un soplo de morirme que aniquila,
llevo, cual peregrino fugitivo
que huyera presto por no ser cautivo
del vacío y la nada que me exila.
Tu memoria es presente que perfila
la vaguedad de mi recuerdo activo.
Si un medio muerto como yo recuerda
a los muertos de ayer que siguen siendo,
¿Cómo pensar que Tú serás ajeno
al mero recordar que en ti concuerda
con presenciar, con dar la vida, viendo
que es ausencia la pena por que peno?
ENCINA DE ESPERANZA
Océano de cantos, y una encina
en medio de la mar, frente a la orilla
del amigo reposo que te anilla
la voluntad, de vuelta peregrina.
Un robledal autóctono domina.
Tu parva compostura no se humilla,
amparada en el templo que es capilla
del rito de la paz en la colina.
Volveré cuando seas centenaria
para abrazar tu tronco consistente
y reforzar mi eternidad diaria.
Contagiaré mi sabia de tu frente
ajena a la semilla secundaria,
pero fruto de idea inteligente.
LOS ETERNOS GORRIONES, INMORTALES
¿Quién vio la esquela de un gorrión oscuro
caer desde el otoño junto al río,
o acaso oyó un amargo pío-pío
rodar mortal por el asfalto duro?
¡Gorrión pardal henchido de futuro!
Ofreces a los hombres desafío
de eternidad a cambio del vacío
que horada nuestra vida con lo impuro.
¡Esperanza convexa y emplumada,
abundante alegría saltarina!
La tierra te alimenta, pero el cielo
constituye tu patria deseada.
Así es que tu piar nos encamina
a lo alto del azul que cubre el suelo.